
No es mucho lo que se ha escrito acerca de uno de las novelas más perturbadoras del siglo XX, cuyo principal logro es haber creado un personaje estereotípico, perfectamente fijado, recurrido y recurrente al que todo el mundo conoce, haya leído o no Lolita (1955), de Vladimir Nabokov.
¿Por qué fue (es) Lolita una novela escandalosa? No sólo por la cruda recreación del amor de un casi cincuentón por la niña (doce años no son adolescentes) Dolores Haze, la descripción de su insano e irrefrenable deseo y las peripecias a las que le lleva. Lolita es una niña perturbadora porque su mezcla de inocencia y picardía es perfecta. Uno de los pilares sobre los que se asienta la novela, grosso modo, es esta ambigüedad en el personaje objeto de deseo, que maneja la invitación y el rechazo, que ofrece el placer justo antes de retirarlo con un mohín inocente.
No hay que olvidar que la novela está narrada con la voz del pederasta Humbert Humbert, con lo que el dibujo de Lolita se presupone deformado por la mirada del pervertido ¿Es ambigua Lolita o se lo parece a Humbert? ¿Hasta qué punto convence éste al lector de que lo que siente es amor? En mi opinión, la novela escandaliza profundamente porque el análisis que Nabokov ofrece de Humbert llega a poner al lector de parte de éste y... ¿quién quiere sentirse identificado con un pederasta? Efectivamente, el lector rechaza comprender a Humbert y se escandaliza cuando se contempla a sí mismo deseando a Lolita, deseando que Humbert consiga a Lolita.
Leer esta novela es una experiencia abrumadora. La maestría con la que Nabokov (exiliado ruso) pinta la América hipócrita de los años 50, fotografía la sordidez de la huida en carretera, la cultura del motel, del vinilo, es admirable; la fachada de la modernidad y la vida perfecta de postguerra, la gazmoñería de la moral establecida y de la viuda de guerra hambrienta de sexo mientras enfría una sonrisa y un apple pie en el alféizar configuran el trasfondo perfecto para la aventura de Humbert.
Olvidad las fronteras cabales del amor y del sexo entre las tapas de Lolita, dejáos atrapar por Humbert, ese desdichado, pero recobradlas al cerrar el libro: no son nínfulas, son sólo niñas...
lala
"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Mi pecado, mi alma. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana,
un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba.
Pero en mis brazos era siempre Lolita."